El origen de L’Argadà

Jaume Salvat Masó abrió en 1890 una taberna en el número 2 de la calle Figuerola de Gerona, que tenía conexión con la que hoy es avenida Ramon Folch. El establecimiento también era almacén de vinos, semillas y sal y estaba junto al descampado que había en la entrada de la ciudad, rodeado de antiguas fortificaciones de la Guerra del Francés. L’Argadà (no se sabe el origen del nombre) estaba cerca de campos y huertas que campesinos gerundenses habían construido aprovechando los sedimentos de los ríos Ter, Oñar y Güell para cultivar frutas y verduras; estos agricultores urbanos solían ir a la taberna. El panorama en la zona fue cambiando a partir de la consolidación del tarraplèn del ferrocarril (1898) y el desvío del río Güell: poco a poco se fue urbanizando y proliferaron tanto las industrias como las casas de comidas y tabernas, entre las cuales L’Argadà, que había sido la primera, tenía fuerte llamada.

Los disturbios en el local por culpa del consumo excesivo de alcohol y el cansancio por la edad, al margen de otros motivos, llevaron Jaume Salvat a retirarse en 1906; el establecimiento pasó a manos de Pere Pujolràs Fontané y su mujer, Carmen Peracaula Taxé, que lo compraron y le mantuvieron el nombre de L’Argadà. El local pasó luego al hermano de él, Narcís Pujolràs, y su mujer, Rosa Serra, que llevaron a la casa durante unos años, entre los cuales los de la Guerra Civil, en la que no cerraron y no tuvieron problemas graves, excepto los días de la retirada, cuando las tropas que iban hacia el exilio les pedían una comida que no tenían porque todo se había agotado.

En la posguerra, Narcís Pujolràs y Rosa Serra transformaron aquel viejo almacén de vino, semillas y sal en un bar-mesón, y años más tarde (1945-50) en un restaurante. En aquellos años había en su frente, al otro lado de la acera, la central lechera de Gerona, el matadero municipal y el cuartel de los bomberos. Además, la plaza de San Agustí, situada a pocos metros, era la parada de los autobuses de varios pueblos.

A Narcís Pujolràs lo sucedió en el negocio, entre los años 1950 y 1962, su hijo Lluis Pujolràs Serra, futbolista del Girona FC, que convirtió el establecimiento de restauración en un punto de encuentro de aficionados al deporte y jugadores como Coll, Corta y otros del Girona, el Barcelona, ​​el Espanyol y otros equipos.

En 1986, los Pujolràs, ya mayores, traspasan el negocio a un grupo integrado por Àngel Roig Reig, que era cocinero; Narcís Pruenca, propietario del restaurante La Llarga; y el economista Josep Oliva, que volvieron a impulsar L’Argadà renovado, y lo convirtieron en un establecimiento de prestigio. En 2006, la casa pasó a manos de Joan Fausto Martí; cuando él murió, en 2009, su hija, Margarita Martí Camps, se hizo cargo con un equipo de profesionales con los que mantiene la tradición culinaria, mejorando sus contenidos. Margarita Martí está casada y tiene dos hijos jovencitos, que aún no se sabe si querrán continuar adelante con un establecimiento que ya tiene 120 años de historia en la gastronomía gerundense.

 

Fuente: Diario el Dominical, Josep Maria Bartomeu (Domingo 23 de Junio ​​de 2013).